Cómo enseñar a un perro
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¿Cómo enseñar a un perro? La respuesta corta es esta: premiando lo que hace bien, justo en el momento en que lo hace, para que le compense repetirlo. Conseguir que un perro haga lo que queremos es un reto que pasa por saber crear las oportunidades necesarias para capturar ese comportamiento y reforzarlo. Por lo tanto, el primer paso es motivar al animal para que muestre algún tipo de repertorio conductual (queremos que haga «cosas» para luego escoger cuáles de esas cosas reforzaremos). A eso se le llama potenciar la «variabilidad de respuesta».
Cómo aprende un perro
¿Cómo conseguir que ese abanico de «cosas que mi perro hace» sea lo más grande posible? Probablemente habría que empezar poniéndose en la mente de un perro e intentar entender cómo funciona.
¡Es fácil! Los perros hacen lo que les da resultados para conseguir lo que quieren o necesitan.
Esta afirmación nos lleva directos hacia el condicionamiento instrumental u operante, un tipo de aprendizaje asociativo en el que la conducta sirve de instrumento para conseguir un fin. Se basa en la «ley del efecto» que formuló el psicólogo Edward Thorndike: si una respuesta en presencia de un estímulo va seguida de un suceso satisfactorio, la asociación entre ese estímulo y esa respuesta se fortalece; si va seguida de un suceso desagradable, se debilita o desaparece.
Parece complicado, pero pongámonos de nuevo en la mente de nuestro perro para entenderlo mejor. El perro piensa: «Si cuando mi propietario me pide que levante la pata luego me da un premio, voy a seguir levantando la pata cuando me lo pida».
Vaya, que está claro que el secreto para aumentar el repertorio de conductas está en el uso de reforzadores o premios. ¡Pero cuidado, porque el tipo de premio va a influir directamente sobre el aprendizaje!
Tipos de premios y cómo usarlos
A mayor calidad o cantidad del premio, mayores serán las tasas de respuesta que obtendremos.
Explicado de forma fácil: no es lo mismo motivarse para conseguir una bolita de pienso que un pedazo de pollo, de la misma manera que siempre será más tentador un puñado de trocitos de salchicha que una sola rodajita. Además, no le ofrezcamos como premio una pelota a un perro al que no le gusta jugar con ella, ni intentemos reforzarlo con un pedazo de zanahoria si sabemos que no le apasiona la verdura.
Por otro lado, puede ser útil buscar un «contraste positivo», o sea, premiar al perro con una recompensa mejor que la recompensa por la que ya trabajó antes.
Y si nuestro objetivo fundamental es aumentar la variabilidad de las respuestas, podemos enfocarnos a reforzar, en concreto, esa variabilidad. Así, premiaremos todas las «cosas» nuevas que el perro haga. Le recompensaremos solamente por hacer algo diferente a lo que ya hizo antes. En cuanto muestre una respuesta nueva, obtendrá un trozo de salchicha, por ejemplo.
Mediante la combinación de este método y un trabajo de «moldeado» posterior se puede responder a la pregunta cómo enseñar a un perro. En definitiva, se trata de conseguir que tu perro haga muchas de las cosas que te gustaría que hiciera y que, encima, se sienta motivado mientras las hace.
¿Parece fácil? ¡Pues a probarlo! 🙂
Cómo enseñar a un perro algo nuevo, paso a paso
Ampliación de la redacción de simiperroHABLARA (octubre de 2026).
En la práctica, cualquier ejercicio sigue más o menos estos pasos:
- Elige un sitio tranquilo, sin distracciones, y un momento en el que tu perro no esté ni agotado ni demasiado excitado.
- Consigue la conducta: puedes esperar a que la haga por sí mismo y premiarla en ese instante (captura), guiarle con un premio en la mano (señuelo) o premiar pequeñas aproximaciones hasta llegar a la conducta completa (moldeado).
- Marca el momento exacto con una palabra corta («¡bien!») o con un clicker, y da el premio enseguida.
- Añade la señal (la palabra o el gesto) solo cuando el perro ya repite la conducta con soltura. Si la dices antes, no significa nada para él.
- Haz sesiones cortas: tres a cinco minutos, varias veces al día, terminando siempre con algo que le salga bien.
- Sube la dificultad poco a poco: primero más tiempo, luego más distancia y, por último, más distracciones. Practica en sitios distintos, porque a los perros les cuesta generalizar lo que aprenden en casa.
En cuanto a los premios:
- Pequeños y blandos, del tamaño de un garbanzo o menos, para poder dar muchos sin que se llene ni tarde en masticarlos.
- Los mejores, para lo más difícil: acudir a la llamada en el parque no vale lo mismo que sentarse en el salón.
- No todo es comida: un rato de juego, permiso para ir a olfatear o unas caricias (si a tu perro le gustan) también son premios.
- Descontados de su ración diaria, para que no engorde.
Con estos mismos pasos se enseñan desde un «siéntate» hasta los ejercicios más útiles del día a día, como acudir a la llamada o pasear sin tirar de la correa.
Errores frecuentes al educar a un perro
Ampliación de la redacción de simiperroHABLARA (octubre de 2026).
- Repetir la orden muchas veces: el perro aprende que «siéntate» significa «siéntate a la quinta».
- Premiar tarde: si el premio llega cuando ya se ha levantado, estás premiando que se levante.
- Recurrir al castigo: regañar, dar tirones o asustar no le enseña qué tiene que hacer y daña vuestra relación. Alba lo explica con más detalle en castigos y educación canina.
- Pedir demasiado y demasiado pronto: si falla varias veces seguidas, vuelve a un paso más fácil.
- Olvidar que cada perro es distinto: la edad, la raza o el miedo influyen mucho. Si tienes un cachorro, echa un vistazo a la sección de cachorros.
Si sientes que tu perro no te hace caso a pesar de todo, o hay miedo o agresividad de por medio, lo mejor es pedir ayuda a un profesional que trabaje con refuerzo positivo. Aquí tienes cómo encontrar un buen educador canino o etólogo.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si mi perro intenta atacar a otros perros que se me acercan?
Puede tratarse de miedo, de reactividad con la correa o de protección de recursos (en este caso, el recurso serías tú), y cada causa se trabaja de forma distinta. Mientras tanto, mantén distancia con otros perros, no le riñas ni le tires de la correa y no metas las manos si se altera. Te recomendamos pedir ayuda a un educador canino o un etólogo que trabaje en positivo.