Bóxer tumbado con un hueso entre las patas
En este artículo
  1. Si los lobos comían huesos…
  2. ¿Peligro de perforación intestinal y atragantamiento?
  3. ¿Huesos crudos o cocinados?
  4. El aporte nutricional de los huesos
  5. Huesos como entretenimiento: cuidado con los dientes
  6. Qué hacer si tu perro se ha comido un hueso cocinado
  7. Alternativas más seguras a los huesos
  8. La conclusión

Pues resulta que la respuesta a esta pregunta es más compleja de lo que pudiera parecer a simple vista. ¡Hay un buen lío montado alrededor de esta cuestión! Expertos (y también falsos expertos, por eso hay que andar con cuidado) se pronuncian a favor y en contra, cada cual cargado de sus propios argumentos. ¿A quién hay que hacer caso? ¿Son peligrosos los huesos por el riesgo de obstrucción intestinal o son beneficiosos por su aporte nutricional a la dieta de nuestros perros?

En resumen: los huesos cocinados nunca, porque se astillan. Los huesos crudos y blandos (como el cuello o las alas de pollo) se usan en las dietas crudas, pero no están libres de riesgo y no hay acuerdo entre veterinarios sobre si compensan. Y los huesos muy duros, como las cañas de ternera, pueden romperle los dientes. A continuación te explico los argumentos de cada parte.

Si los lobos comían huesos…

Algunos de los argumentos que esgrimen los defensores de los huesos como ingrediente natural en las dietas de los perros se apoyan en el parecido con sus parientes evolutivos, los lobos. Si los perros son tan similares a los lobos que pueden, incluso, tener descendencia fértil, ¿por qué no van a necesitar una alimentación casi idéntica?

Como todos sabemos, los lobos sí comen huesos. Cuando cazan, ingieren primero las vísceras de sus presas y luego continúan desgarrando el resto del cuerpo y masticando parte o la totalidad de los huesos.

Ahora bien, hay dos matices que echan por tierra el argumento de la herencia evolutiva de los lobos como garantía de la idoneidad de los huesos en las dietas caninas:

  1. Si bien es cierto que los perros mantienen muchas de las características anatómicas y de comportamiento de los lobos, el proceso de domesticación ha producido ciertos cambios que los diferencian. En cuestión de nutrición, no está claro que los perros necesiten la misma dieta que sus antecesores salvajes. De hecho, durante la domesticación los perros se han alimentado de los desperdicios de los asentamientos humanos alrededor de los cuales merodeaban. Se cree que esta es la razón por la cual los perros tienen, por ejemplo, mayor capacidad que los lobos para descomponer el almidón presente en los cereales.
  2. Que los lobos ingieran huesos no quiere decir que no sufran accidentes por perforación u obstrucción intestinal. Y hay que recordar que, precisamente, el riesgo de perforación intestinal es el argumento esencial que dan algunos veterinarios para descartar los huesos enteros en las dietas caninas.

Por el contrario, vale la pena tener presente que un perro tiene mucha más facilidad que un humano, por ejemplo, para descomponer un hueso. Recordemos que los perros:

  • Tienen un sistema digestivo preparado para dietas ricas en carne: intestinos más cortos que los herbívoros, ciego de tamaño reducido, pH estomacal más ácido para digerir mejor la carne y los huesos y para defenderse de patógenos, menor densidad de flora bacteriana, etc.
  • Tienen una dentición preparada para sujetar y desgarrar la carne: colmillos grandes, molares y premolares con bordes dentados, etc.

¿Peligro de perforación intestinal y atragantamiento?

A los que tenemos un perro (o varios) en la familia y nos planteamos la duda de si darle o no darle huesos a la hora de comer, lo que realmente nos preocupa es el riesgo de que se astillen o se atasquen y puedan ser peligrosos.

La cuestión es que, en este punto, ni siquiera los veterinarios se ponen demasiado de acuerdo. Algunos advierten que el riesgo de obstrucción o perforación intestinal es demasiado evidente como para pasarlo por alto, pero otros resaltan los beneficios de las dietas naturales…

T.J. Dunn es médico veterinario y miembro de la American Veterinary Medical Association y la American Academy of Veterinary Nutrition de Estados Unidos. En su opinión, «alimentar a un perro con huesos, tanto crudos como cocinados, no es una opción viable». En sus más de 30 años de práctica veterinaria, ha tenido que intervenir a muchos pacientes caninos por perforaciones intestinales provocadas por huesos. Desde su punto de vista, no hay ninguna necesidad de correr este tipo de riesgos cuando el valor nutricional real de un hueso es, como veremos más adelante, escaso.

Además de las perforaciones, los problemas más frecuentes que ven los veterinarios por culpa de los huesos son: fragmentos atascados en la boca, la garganta o el esófago, obstrucciones en el estómago o el intestino, estreñimiento por exceso de hueso y dientes rotos.

Sin embargo, son cada vez más populares las dietas BARF (Biologically Appropriate Raw Food) o ACBA en su acrónimo en español (Alimentación Cruda Biológicamente Apropiada), popularizadas por el veterinario australiano Ian Billinghurst. Este tipo de dietas se basan, típicamente, en una proporción alta de huesos carnosos crudos (en torno a la mitad o más de la ración), y sus defensores alegan múltiples beneficios para la salud y la longevidad de los perros, aunque hoy por hoy hay pocos estudios científicos que los respalden.

¿Huesos crudos o cocinados?

En lo que sí hay consenso dentro de la comunidad veterinaria es en no dar nunca huesos cocinados (cocidos, asados o fritos). Tal como explicaban desde la empresa de alimentación natural para perros y gatos Natuka:

«El peligro principal de los huesos radica en su cocción, durante la cual pueden perder el agua y el colágeno y convertirse en huesos que se astillan a diferencia de cuando estaban crudos.»

Desde Natuka defendían que cualquier hueso medianamente blando, estando crudo, es apto para que se lo coma un perro: «Alas, cuello, cabeza y carcasas de aves o de conejo, falda de ternera, costillas de ternera, pescados pequeños que tienen espinas finas y blandas como las sardinas, los boquerones… Estos huesos se ablandan con el masticado y el salivado y, junto a la carne, se convierten en una pasta que no supone un peligro para el tracto digestivo del perro».

Ahora bien, ya hemos visto que esta opinión no es compartida por todos los veterinarios… Si optas por los huesos crudos, ten en cuenta además que la carne cruda puede transmitir bacterias como Salmonella, así que extrema la higiene al manipularla, sobre todo si en casa hay niños pequeños, personas mayores o inmunodeprimidas.

El aporte nutricional de los huesos

En el fondo, la cuestión no debería ser si los huesos pueden o no perforar el intestino de nuestros perros. El foco real de este debate debería ser si los huesos son realmente nutritivos y si aportan elementos esenciales a la dieta canina.

En este punto, el veterinario T.J. Dunn explica que:

«Los beneficios nutricionales de los huesos para los perros están derivados, mayoritariamente, de los tejidos blandos adheridos a ellos. O sea, de la carne, los cartílagos, la grasa y los tejidos conectores. No de los huesos propiamente».

Los huesos son ricos en calcio y fósforo, pero su aporte proteico es bajo porque, aunque contienen mucha proteína, esta es poco digestible para los perros. En una dieta casera sin huesos, el calcio se puede aportar de otras formas, por ejemplo con suplementos pautados por el veterinario.

Quizás por eso algunas dietas naturales, como la citada de Natuka, incluyen muchos menos huesos, más carne, más vísceras y una pequeña proporción de verduras y otros suplementos.

Huesos como entretenimiento: cuidado con los dientes

Los huesos duros y macizos, como las rodillas y las cañas de ternera, son los llamados «huesos recreativos», que sirven para que el perro se entretenga. Durante años se dijo que, además, ayudaban a prevenir el sarro y la placa, y algunos veterinarios no partidarios de los huesos toleraban su consumo porque los perros llegan a ingerir muy poca parte de ellos.

Hoy conviene matizarlo: los veterinarios dentistas ven a menudo dientes fracturados (sobre todo la muela carnicera, el cuarto premolar superior) en perros que roen huesos muy duros. Una regla práctica: si no puedes marcar la superficie con la uña, probablemente es demasiado duro para sus dientes. Si le das uno, que sea crudo, más grande que su boca para que no pueda tragárselo entero, siempre bajo vigilancia y retirándolo cuando quede pequeño.

Qué hacer si tu perro se ha comido un hueso cocinado

Es una de las dudas que más llegan a la consulta: el perro ha cogido un hueso de pollo asado de la basura o de la mesa. Si te pasa:

  • No le provoques el vómito por tu cuenta: las astillas pueden hacer más daño al volver a subir.
  • Llama a tu veterinario y cuéntale qué hueso era, cuánto y cuándo se lo comió. En muchos casos te dirá que lo vigiles en casa.
  • Vigílale durante 48-72 horas y fíjate en sus heces.

Acude enseguida a un veterinario de urgencias 24 horas si ves alguno de estos signos: vómitos o arcadas repetidas, babeo excesivo, abdomen hinchado o doloroso, apatía, falta de apetito, esfuerzo para defecar sin conseguirlo, heces con sangre o sangre en la boca.

Alternativas más seguras a los huesos

Si lo que buscas es que tu perro mastique, se entretenga o tenga los dientes limpios, hay opciones con menos riesgo:

  • Juguetes para morder resistentes y rellenables, que puedes llenar con parte de su comida. Tienes ideas en nuestro artículo de juguetes interactivos para perros.
  • Snacks masticables de tamaño adecuado a su boca (mira las marcas de snacks y premios), contándolos dentro de su ración diaria.
  • El cepillado dental con pasta para perros, que sigue siendo la forma más eficaz de prevenir el sarro.

La conclusión

Como hemos visto, hay un intenso debate abierto sobre los beneficios y los peligros de los huesos para la salud de nuestros perros. En este artículo he intentado exponer algunos argumentos a favor y otros en contra. La conclusión es que no existe una respuesta absoluta a la pregunta de si son buenos los huesos para nuestros perros, salvo una: los cocinados, nunca. Lo importante, como siempre, es estar bien informados tanto de los beneficios como de los riesgos para poder tomar la decisión adecuada, y comentarla con tu veterinario.

Si estás pensando en cambiar su alimentación, te puede interesar leer ¿pienso o comida casera para perros, qué es mejor? y este repaso a los nuevos modelos de alimentación canina.

Preguntas frecuentes

¿Puedo darle huesos cocidos si mi perro solo roe la carne y no se los come?

No te lo recomendamos. Los huesos cocinados se vuelven quebradizos y se astillan, y basta un descuido para que trague un trozo. En esto hay consenso entre los veterinarios: cocinados, nunca. Si quieres que roa algo, elige un juguete resistente o un masticable adecuado a su tamaño, siempre bajo vigilancia.

¿Las alas o cuellos de pollo crudos son seguros para mi perro?

Son los huesos que más se usan en las dietas crudas, pero no están libres de riesgo: también pueden provocar atragantamientos u obstrucciones que acaben en el quirófano. Si te planteas darlos, coméntalo antes con tu veterinario, vigílale siempre mientras come y extrema la higiene al manipular la carne cruda.

¿Puedo combinar el pienso con comida casera o cruda?

Se puede, pero lo importante es que la dieta en conjunto esté equilibrada y no le sobren ni le falten nutrientes. Te recomendamos planificarla con tu veterinario o con un veterinario especializado en nutrición, sobre todo si vas a incluir carne cruda o huesos, y ajustar las cantidades para que no gane peso.

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