Collar eléctrico para perros ¿Es aconsejable?
7 min de lectura
En este artículo
- ¿Es legal el collar eléctrico para perros en España?
- 1. Promueve conductas de evitación, pero nunca de cooperación
- 2. Riesgo de crear asociaciones negativas indeseadas
- 3. No favorece la capacidad de reflexión del propietario
- 4. El perro obedece solo cuando lleva puesto el collar eléctrico
- 5. Deterioro del vínculo entre nosotros y nuestro perro
- 6. En algunos perros, deja signos visibles de miedo y estrés a largo plazo
- 7. NO es cierto que el collar eléctrico sea más eficaz que el refuerzo positivo
- 8. Dudas éticas
- Alternativas al collar eléctrico que sí funcionan
- Conclusión
Hace unos años todavía se veían por las calles y plazas de mi ciudad, Barcelona, perros con collares eléctricos alrededor del cuello y propietarios que intentaban controlarlos a distancia.
Me recordaban un poco a niños pequeños usando coches teledirigidos, con la diferencia de que, en este caso, se trata de animales y no de objetos con “control remoto”.
La cuestión es que hay quien se plantea si el collar eléctrico para perros es o no perjudicial. Mi respuesta, como profesional del comportamiento canino, es clara: no es aconsejable. Castiga sin enseñar, puede provocar miedo y agresividad, deteriora la relación con tu perro y no es más eficaz que el refuerzo positivo. Además, hoy en España está prohibido.
Voy a contaros por qué no hay que usarlo. 😉
¿Es legal el collar eléctrico para perros en España?
Ampliación de la redacción de simiperroHABLARA (octubre de 2026).
No. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, en vigor desde el 29 de septiembre de 2023, lo dice expresamente en su artículo 27:
«Se prohíbe el uso de cualquier herramienta de manejo que pueda causar lesiones al animal, en particular collares eléctricos, de impulsos, de castigo o de ahogo.»
La prohibición incluye los collares de descarga para adiestramiento, los antiladridos de descarga y los collares de las “vallas invisibles” que dan una descarga cuando el perro se acerca al límite del jardín. Que se sigan vendiendo por internet no quiere decir que se puedan usar.
Saltarse una prohibición de la ley es, como mínimo, una infracción leve (artículo 73), que se sanciona con apercibimiento o con una multa de 500 a 10.000 euros. Y si causa daño o sufrimiento al animal, o se considera un método agresivo o violento de educación (artículo 74.c), pasa a ser grave: de 10.001 a 50.000 euros. Las comunidades autónomas pueden tener además sus propias normas.
1. Promueve conductas de evitación, pero nunca de cooperación
No se le ofrece al perro ningún aprendizaje alternativo. Solo se le castiga por lo que ha hecho mal, pero no se le enseña qué queremos que haga en su lugar.
Desaparecen las posibilidades de reorientar la conducta que queremos eliminar hacia otra nueva, incompatible con la anterior y que no sea molesta para nosotros ni peligrosa para el animal.
2. Riesgo de crear asociaciones negativas indeseadas
Como humanos, no somos perfectos ni tenemos siempre el don de la inmediatez. Por lo tanto, es posible que más de una vez apliquemos la descarga a destiempo. Porque nos hemos dado cuenta demasiado tarde de que el perro estaba comiendo algo del suelo, por ejemplo. O porque, al no estar a su lado, no hemos visto bien lo que hacía hasta un rato después.
Si aplicamos la descarga eléctrica a destiempo, el perro puede no entender por qué lo estamos castigando. Es posible que lo asocie con algo que no queremos.
De nuevo pongo un ejemplo: aplicamos la descarga al pillar a nuestro perro in fraganti comiendo un trozo de pan del suelo en el parque. Pero resulta que, en ese preciso momento, pasaba a su lado un niño. ¿Quién nos dice que el perro no va a asociar al niño, y no el pan, con el castigo? ¿Nos interesa que eso ocurra?
3. No favorece la capacidad de reflexión del propietario
La veterinaria etóloga Karen Overall, en uno de sus editoriales para el Journal of Veterinary Behavior, aporta otro argumento de peso para rechazar el collar eléctrico que me parece muy interesante y que comparto plenamente.
Overall se posiciona en contra de esta herramienta porque no favorece la capacidad de reflexión del propietario.
Es decir, usando el collar eléctrico muchas veces dejamos de plantearnos qué estamos haciendo mal con nuestro perro, si actuando de otra forma conseguiríamos mejores resultados o si estamos cubriendo bien las necesidades del animal. Con el collar, simplemente nos concentramos en eliminar el “mal comportamiento” mediante el castigo.
4. El perro obedece solo cuando lleva puesto el collar eléctrico
Como no le hemos enseñado qué queríamos que hiciera en vez de lo que estaba mal, el perro solo sabe que no tiene que hacerlo cuando lleva el collar. No ha entendido que, en realidad, lo que queremos es que haga otra cosa. Así que, cuando no lo lleva puesto… ¿nos va a obedecer?
5. Deterioro del vínculo entre nosotros y nuestro perro
En vez de construir una relación basada en la confianza y la cooperación, el collar eléctrico crea una relación basada en el miedo al castigo.
6. En algunos perros, deja signos visibles de miedo y estrés a largo plazo
En un estudio de la Universidad de Utrecht se comprobó que las descargas podían producir reacciones traumáticas en algunos perros. De hecho, uno de los animales seguía comportándose como si fuera a recibir una descarga durante los ejercicios de entrenamiento más de un año y medio después de que se dejara de usar con él el collar eléctrico.
7. NO es cierto que el collar eléctrico sea más eficaz que el refuerzo positivo
En otro estudio, realizado en el Reino Unido en 2014, se analizó, por primera vez, el efecto del collar eléctrico en perros de compañía y no de trabajo. Es decir, con perros normales y corrientes y propietarios corrientes, para ver la eficacia real del collar a la hora de mejorar la obediencia.
En este caso, se querían eliminar conductas de persecución: perros que perseguían ovejas y otros animales cuando se les llevaba al campo…
Por primera vez, como digo, un estudio científico analizaba la eficacia del collar eléctrico en manos NO expertas. Que es, al fin y al cabo, la situación más habitual.
La conclusión fue que el collar eléctrico no aportaba beneficios reales frente al refuerzo positivo a la hora de corregir la conducta. Sin embargo, sí se observaron más efectos negativos sobre el bienestar de los animales.
Y, por último, llega el punto más subjetivo, pero igualmente importante:
8. Dudas éticas
¿Hasta qué punto tenemos derecho a causar dolor a un animal para modificar conductas que, en la mayoría de los casos, son naturales de la especie canina? Ladrar, perseguir gatos u otros animales pequeños, etc.
Alternativas al collar eléctrico que sí funcionan
Ampliación de la redacción de simiperroHABLARA (octubre de 2026).
Casi siempre que alguien piensa en un collar eléctrico es por uno de estos problemas. Todos tienen soluciones sin dolor:
- No vuelve cuando le llamas o persigue animales: trabaja la llamada en positivo, de menos a más distracción, y mientras tanto usa una correa larga en el campo. Aquí tienes cómo enseñar a tu perro a venir cuando le llamas.
- Ladra demasiado: averigua por qué ladra y actúa sobre la causa. Te lo explico en qué hacer para que tu perro ladre menos.
- Tira de la correa: un arnés bien ajustado y unas cuantas sesiones de práctica hacen maravillas (lee qué hacer para que tu perro no tire de la correa).
- Agresividad o miedos: son problemas de conducta que necesitan un diagnóstico, no un castigo. Busca a un etólogo clínico o a un educador que trabaje en positivo; aquí te explicamos cómo encontrar un buen profesional.
Lo mismo vale para los collares de púas y de ahogo, que la ley también prohíbe: te contamos por qué en collares de pinchos y de ahorque para perros.
Conclusión
Merece más la pena trabajar en construir una relación de cooperación con nuestros perros que atajar el problema con métodos punitivos tan peligrosos para el equilibrio mental del animal como el collar eléctrico. Si quieres empezar, aquí te explico cómo enseñar a un perro con refuerzo positivo.
Preguntas frecuentes
¿Un collar que solo vibra o pita es lo mismo que uno eléctrico?
No exactamente, pero la frontera es fina: la ley prohíbe los collares eléctricos, de impulsos y de castigo, y muchos modelos combinan vibración y descarga. Si te lo planteas, por ejemplo con un perro sordo, la vibración solo tiene sentido como señal de llamada asociada siempre a un premio, nunca como castigo. Antes, consulta la normativa vigente y a un educador canino que trabaje en positivo.
¿Qué hago si mi perro persigue coches o animales y no vuelve cuando le llamo?
Mientras trabajas la llamada en positivo, de menos a más distracción, llévalo con correa larga en el campo y suéltalo solo en recintos cerrados. Si aun así el riesgo de accidente sigue siendo alto, lo más sensato es que no vaya suelto en sitios con coches o ganado. Un educador canino puede ayudarte a trabajar el control de impulsos sin dolor.
¿Mi perro reacciona fatal con otros perros: el collar eléctrico lo solucionaría?
La reactividad y la agresividad suelen nacer del miedo o de una mala socialización, y el dolor puede empeorarlas al asociar a los otros perros con algo malo. Te recomendamos acudir a un etólogo clínico o a un educador que trabaje en positivo, que diagnostique la causa. Mientras tanto, mantén distancia con los perros que lo alteran y acostumbra a tu perro al bozal poco a poco y con premios si hace falta.
¿Un perro educado con collar eléctrico obedece cuando se lo quitas?
Es uno de los problemas del método: como no aprende qué tiene que hacer en su lugar, el perro suele obedecer solo cuando lleva el collar puesto. Con el refuerzo positivo, en cambio, la conducta se mantiene porque le compensa hacerla, lleve lo que lleve en el cuello.
¿Y los collares antiladridos para cuando se queda solo en casa?
Los de descarga están prohibidos, y cualquier antiladridos castiga el ladrido sin resolver por qué ocurre. Un perro que ladra cuando se queda solo suele estar pasándolo mal, a menudo por ansiedad por separación, y el castigo puede aumentar ese malestar. Lo eficaz es averiguar la causa y trabajarla, con la ayuda de un educador canino o un etólogo si hace falta.