Galgo afgano

Nombre original: Afghan Hound

El galgo afgano es un lebrel elegante, independiente y de pelo largo y sedoso. Es tranquilo en casa, silencioso y sociable con otros perros, pero educarlo pide paciencia y su pelo exige muchísima dedicación.

Mediano Grupo 10 FCI: Lebreles Afganistán Suelta poco pelo
Ilustración 3D de un galgo afgano

Ficha rápida

Peso
23-27 kg
Altura
63-74 cm
Esperanza de vida
12-14 años
Ejercicio diario
60-90 min
Origen
Afganistán
Pelo
Largo
Grupo
Grupo 10 FCI

Cómo es, de 1 a 5

Escalas estimadas a partir de los estándares de la raza y de fuentes especializadas. Cada perro es un mundo.

¿Es para ti?

Te encajará si…

  • Muy silencioso: apenas ladra
  • Sociable con otros perros
  • Tolera bien quedarse solo
  • Muda poco pelo
  • Raza robusta y bastante sana

Piénsatelo si…

  • Pelo muy exigente: cepillado casi diario
  • Muy independiente y difícil de educar
  • Necesita un dueño con experiencia
  • Poco adecuado para un piso pequeño

Carácter y temperamento

Galgo afgano: su carácter (ilustración)

El galgo afgano parece una estrella de cine, y a veces se comporta como tal. Es elegante, digno, reservado y profundamente independiente. No es un perro que viva pendiente de tus órdenes: es un perro que decide si le apetece hacerte caso.

Dentro de casa suele ser tranquilo y silencioso. Puede pasar horas descansando con aire aristocrático en el mejor sitio del sofá. Apenas ladra, lo cual lo convierte en un vecino muy discreto.

Con su familia es afectuoso, pero a su manera. No es empalagoso ni busca atención constante. Crea un vínculo profundo con su gente, aunque lo demuestra con sutileza. Con desconocidos es reservado y distante, sin llegar a ser agresivo. No es un perro guardián: no protege la casa ni suele avisar de las visitas.

Con los niños puede convivir, pero es más adecuado para familias con niños mayores y tranquilos. Es sensible, no le gustan los juegos bruscos ni que le manipulen demasiado, y necesita un rincón donde retirarse cuando quiere calma.

Con otros perros suele ser sociable, sobre todo con perros de tamaño parecido. Con animales pequeños, en cambio, cuidado: su instinto de caza por vista es muy fuerte. Un gato o un conejo que corre puede despertar en él un interés imparable.

Tolera bastante bien quedarse solo unas horas, algo que lo diferencia de muchas razas más dependientes. Eso sí, siempre que haya hecho ejercicio.

En el campo, se transforma. Cuando corre, suelta toda la energía y la alegría que esconde en casa. Verle a galope es un espectáculo.

Es un perro para personas con experiencia, que respeten su carácter independiente y no busquen un perro obediente al uso.

Educación y adiestramiento

Galgo afgano: aprendiendo (ilustración)

Educar a un galgo afgano requiere paciencia, humor y expectativas realistas. Su adiestrabilidad es muy baja. No es falta de inteligencia: es que ha sido seleccionado para cazar por su cuenta, tomando decisiones sin esperar órdenes.

El refuerzo positivo es la única vía que funciona. Es un perro sensible, y los gritos o castigos solo consiguen que desconecte o se vuelva desconfiado. Algunas claves:

  • Sesiones muy cortas. Tres o cuatro minutos. Si se aburre, se va, literalmente.
  • Premios de alto valor. Comida muy apetecible, en trocitos pequeños.
  • Pocas cosas, bien aprendidas. Céntrate en lo esencial: llamada, paseo con correa, sentarse y quedarse tranquilo.
  • Paciencia con la manipulación. Acostúmbrale desde cachorro al cepillo, al secador y a que le toquen patas y orejas. Con su pelo, esto no es opcional.

La llamada es el gran reto. Con su instinto de persecución y su velocidad, un afgano suelto en campo abierto puede desaparecer en segundos detrás de una liebre. Trabaja la llamada durante meses en espacios cerrados y usa siempre correa larga en zonas abiertas. Muchos afganos no deberían ir sueltos fuera de un recinto vallado.

Socialízalo pronto con personas, perros y entornos variados para evitar que su reserva natural se convierta en miedo. Si es un cachorro y llora las primeras noches, aquí tienes cómo ayudarle: (¿Tu cachorro llora por la noche? No lo ignores, ayúdale). Y para entender la base del método, lee (Cómo enseñar a un perro).

Ejercicio y actividad

Galgo afgano: haciendo ejercicio (ilustración)

El galgo afgano necesita entre 60 y 90 minutos de actividad al día. Tan importante como el paseo es que pueda correr libremente en un espacio vallado y seguro varias veces por semana.

Es un lebrel: está hecho para correr a toda velocidad en ráfagas cortas. Un paseo largo con correa ayuda, pero no sustituye a un buen sprint. Busca zonas de suelta valladas, fincas cerradas o pistas donde pueda estirar las patas sin riesgo.

Disfruta mucho con el lure coursing, un deporte en el que persigue un señuelo mecánico. Es una forma estupenda de canalizar su instinto de forma segura.

No es el perro más adecuado para un piso pequeño. Por su tamaño y su necesidad de correr, encaja mejor en una casa con jardín bien vallado. Y ojo con las vallas: salta bien.

Tolera bien el frío gracias a su pelo largo. El calor lo lleva de forma aceptable, pero en verano conviene pasear en las horas más frescas. Después de cada salida al campo, revisa su manto: las espigas y las ramitas se enredan con facilidad.

Cuidados del pelo

Galgo afgano: cuidado de su pelo (ilustración)

Aquí está la gran exigencia del galgo afgano. Su pelo largo, fino y sedoso es espectacular, pero se enreda con muchísima facilidad. Si no estás dispuesto a dedicarle tiempo, esta no es tu raza.

Necesita cepillado casi diario, o al menos cuatro o cinco veces por semana. Trabaja por capas, desde la raíz, con un cepillo de púas largas y un peine metálico. Nunca cepilles el pelo seco del todo: humedécelo ligeramente con un espray acondicionador para no romperlo.

También necesita baños frecuentes, cada una o dos semanas, con champú y acondicionador específicos, y un secado completo con secador. Un afgano mal secado es un afgano lleno de nudos.

La muda es baja, así que no dejará pelos por toda la casa. A cambio, su manto requiere horas de dedicación a la semana o visitas regulares a una peluquería con experiencia en la raza.

Salud

Galgo afgano: tranquilo y sano (ilustración)

El galgo afgano es una raza bastante robusta. Aun así, hay algunos problemas que conviene conocer.

  • Hipotiroidismo. Es un problema frecuente en la raza. Puede causar cansancio, aumento de peso y cambios en el pelo. Se diagnostica con un análisis de sangre y se trata con medicación.
  • Displasia de cadera. Pide al criador las radiografías oficiales de cadera de los padres.
  • Cataratas juveniles y otros problemas oculares. Pide la revisión oftalmológica de los padres.
  • Sensibilidad a la anestesia. Como otros lebreles, tiene poca grasa corporal y puede reaccionar de forma diferente a algunos anestésicos. Avisa siempre a tu veterinario de la raza antes de una cirugía.
  • Lesiones por carrera, como cortes y esguinces, por su velocidad.

Si compras un cachorro, pide ver a los padres y los resultados de las pruebas de cadera, ojos y tiroides. Pregunta también por la edad y la salud de los abuelos: es una buena pista sobre la longevidad de la línea.

Su pelo puede esconder problemas de piel, heridas o parásitos. Aprovecha las sesiones de cepillado para revisar su cuerpo a fondo, y mantén al día la prevención de leishmaniosis si sale mucho al campo.

En cuanto al clima, tolera bien el frío gracias a su manto. El calor lo lleva de forma intermedia: en verano, evita el ejercicio en las horas centrales y ofrece siempre agua y sombra.

Alimentación

Galgo afgano: a la hora de comer (ilustración)

Con un peso de entre 23 y 27 kilos, el galgo afgano necesita un pienso completo de calidad, con proteína animal y ácidos grasos que cuiden su piel y su pelo largo.

Es un perro esbelto por naturaleza. Es normal que se le noten ligeramente la cadera y las costillas, aunque su pelo lo esconda. Palpa su cuerpo con regularidad para comprobar que mantiene el peso.

Algunos afganos son exigentes con la comida. Si el tuyo es de los que miran el comedero con desdén, evita caer en la trampa de ir cambiando de pienso cada semana. Mantén horarios fijos y retira el comedero a los veinte minutos.

Reparte la ración en dos tomas y evita el ejercicio intenso justo antes y después de comer.

Historia y origen

Galgo afgano: un guiño a su origen (ilustración)

El galgo afgano procede de las regiones montañosas de Afganistán y zonas cercanas, donde se ha usado durante siglos para cazar. Su trabajo consistía en perseguir presas rápidas, como liebres y gacelas, en terrenos muy duros. Su pelo largo le protegía del frío de las montañas, y sus grandes almohadillas le permitían correr sobre roca.

Es una raza muy antigua, aunque su historia antes del siglo XIX está llena de leyendas difíciles de comprobar. Llegó a Europa, sobre todo a Reino Unido, a principios del siglo XX, traído por militares británicos. En los años veinte y treinta se establecieron las primeras líneas de cría en Occidente.

Su aspecto espectacular lo convirtió enseguida en un perro de exposición y en un símbolo de glamour. Picasso tuvo un afgano llamado Kaboul, que aparece en algunas de sus obras. En los años setenta vivió otro momento de fama, cuando se puso de moda como perro de compañía en medio mundo.

Hoy pertenece al grupo 10 de la FCI, de lebreles. Si te atrae la raza, pregunta también en asociaciones de rescate de lebreles: de vez en cuando hay afganos adultos buscando familia.

Galería: fotos reales del galgo afgano

Fotos de Wikimedia Commons con licencia libre. Pulsa en cada una para ver el original.

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Preguntas frecuentes

¿Cuánto vive un galgo afgano?

Un galgo afgano suele vivir entre 12 y 14 años. Es una raza bastante robusta para su tamaño. Para que llegue a viejo en buena forma, necesita ejercicio diario, un peso ajustado y revisiones veterinarias anuales. Conviene vigilar su tiroides, sus caderas y sus ojos, y avisar siempre al veterinario de su raza antes de cualquier anestesia.

¿El galgo afgano es fácil de educar?

No. El galgo afgano es una de las razas más independientes que existen. Es inteligente, pero no está motivado por complacer, y su instinto de persecución es muy fuerte. Se educa con paciencia, refuerzo positivo y sesiones muy cortas. La llamada es su gran reto: muchos afganos no deberían ir sueltos fuera de un recinto vallado.

¿El galgo afgano suelta pelo?

Suelta poco pelo, y por eso a veces se recomienda a personas con alergia, aunque ningún perro es totalmente hipoalergénico. El problema no es la muda, sino el mantenimiento: su manto largo y sedoso se enreda con muchísima facilidad y necesita cepillado casi diario, baños frecuentes y un buen secado.

¿El galgo afgano es bueno con niños?

Puede convivir con niños, sobre todo si son mayores y tranquilos. Es un perro reservado y sensible que no suele disfrutar de los juegos bruscos ni de los achuchones. Con supervisión, respeto por su espacio y un lugar donde retirarse, la convivencia puede ser buena. No es el perro más recomendable para familias con niños pequeños.

¿Y si adoptas?

En protectoras y refugios hay perros de todas las razas y muchos mestizos con un carácter parecido al del galgo afgano esperando una familia. Pronto verás aquí los que están en adopción.

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