Perro mestizo junto a la silueta de un lobo
En este artículo
  1. El lobo y el perro, primos hermanos pero no gemelos
  2. De dónde viene la teoría del macho alfa
  3. Jerarquía y liderazgo sin fuerza ni agresión
  4. Dejando atrás la etiqueta «dominancia»
  5. ¿Y los programas de televisión?
  6. Cómo educar a tu perro sin «dominarlo»
  7. Para saber más sobre dominancia

Veterinarios y etólogos dedicados a la investigación han evidenciado, mediante estudios científicos, que es erróneo explicar el comportamiento de nuestros perros a través de las relaciones de dominancia (porque, de hecho, tampoco sirve del todo para explicar el comportamiento de las manadas de lobos salvajes).

Aunque siga muy extendido en nuestro país, actuar como «el líder de la manada» en casa, con nuestros perros, es una idea que ya no comparte la comunidad científica dedicada al estudio del perro doméstico y del lobo. Y, además, es peligroso: los métodos basados en imponerse por la fuerza aumentan el miedo y el riesgo de mordeduras, mientras que educar con refuerzo positivo funciona igual o mejor y sin efectos secundarios.

Entonces, ¿por qué empeñarnos en seguir pensando algo que ya está desbancado?

Aquí va una explicación sencilla, rápida y clara, que desmonta el mito de la dominancia tal y como la hemos entendido hasta ahora.

El lobo y el perro, primos hermanos pero no gemelos

Si bien ningún estudio científico pone en entredicho el parentesco entre el perro y el lobo, no podemos obviar que se trata de cánidos diferentes. Como tales, presentan características distintas y su comportamiento no está regido por las mismas pautas. Si así fuera, podríamos tener lobos en casa igual que tenemos perros y no notaríamos la diferencia… Te lo cuento con más detalle en el origen del perro.

Sin embargo, resulta útil observar y analizar el comportamiento del lobo para entender parte del de nuestros perros domésticos, ya que comparten un antepasado común.

De dónde viene la teoría del macho alfa

Estudios llevados a cabo a mediados del siglo XX y durante la década de los 70 describieron la importancia de las relaciones jerárquicas en manadas de lobos en cautividad. De ahí nacieron conceptos como el de «macho alfa» para designar al animal dominante o «líder de la manada», y se entendió que ese liderazgo se ejercía mediante la fuerza.

Inmediatamente, estos conceptos se extrapolaron al perro doméstico, dando lugar a teorías que hacían hincapié en la voluntad de nuestros perros de ostentar la posición más alta dentro de la manada (la familia en la que vivían). Y se estipuló que lo indicado era no permitírselo, utilizando la fuerza física si hacía falta.

De repente, casi todas las conductas molestas para el propietario se relacionaron directamente con la dominancia: subirse a la cama, morder muebles, tirar de la correa, gruñir a los extraños… Y se extendió la creencia de que era necesario combatir esos comportamientos con métodos como tumbar al perro boca arriba e inmovilizarlo durante un rato (el llamado alpha roll) para obligarle a adoptar una postura de sumisión y explicarle así quién mandaba en el hogar. Te explico por qué es una mala idea en castigar a un perro tumbándolo boca arriba.

Jerarquía y liderazgo sin fuerza ni agresión

Hoy en día se sabe que los lobos, cuando han sido estudiados en libertad y no en cautividad, muestran una proporción muy baja (prácticamente anecdótica) de conductas agresivas hacia miembros de su propia manada. Su estructura es la de una familia, con el padre y la madre (la pareja reproductora) por encima y los cachorros de ese año y del anterior por debajo. Cada miembro ocupa su lugar en la manada (la familia) y raramente se producen conflictos. Existe una jerarquía, pero no se establece mediante la lucha, sino que tiene un origen afiliativo. Además, las posturas de sumisión nunca son forzadas por el animal más dominante, sino que son adoptadas de forma natural y voluntaria.

El propio David Mech, el biólogo que popularizó el término «lobo alfa» en un libro de 1970, lleva décadas pidiendo que se deje de usar, después de estudiar lobos salvajes durante años y comprobar que los «alfas» eran, sencillamente, los padres.

La cooperación y la cohesión del grupo resultan mucho más importantes para la supervivencia de la manada que la agresividad y la confrontación.

No se ha descrito ni un solo caso en el que un lobo revuelque a otro y le obligue a colocarse boca arriba en posición de sumisión.

En cautividad, las manadas están formadas por lobos de procedencias diversas, de manera que, al romperse la unidad familiar, es cuando aparecen los conflictos.

En libertad, además, los animales que se relacionan repetidamente mediante la fuerza bruta acaban siendo eliminados por selección natural, ya que ese tipo de comportamiento requiere demasiada energía y supone para el animal el riesgo de resultar herido, muerto o depredado durante la disputa.

Nuestro error, pues, ha sido extrapolar la observación de manadas en cautividad al perro doméstico.

Dejando atrás la etiqueta «dominancia»

Aunque la mayoría de nuestros perros son capaces de mostrar posturas sumisas o dominantes en determinadas situaciones con otros perros, la expresión de esos patrones de lenguaje canino no tiene que confundirse con la intención de ocupar el rol de alfa por encima de los propietarios. Un ejemplo clásico es la monta, que casi nunca tiene que ver con «dominar»: lo explico en ¿la monta es dominancia?.

Algunos estudios han observado que muchos de los perros diagnosticados de «agresividad por dominancia» no hacen ejercicio suficiente, son más miedosos, más excitables y reaccionan más a los ruidos intensos. Todo esto no encaja demasiado con la imagen de alfa, ¿verdad? Quizás, entonces, el diagnóstico de «animal agresivo por dominancia» sea en muchos casos erróneo…

Esto es así porque la agresividad tiene mucho más que ver con otros factores, como el miedo, el dolor, la frustración o la protección de recursos, que con la dominancia. Por ejemplo, un perro que gruñe cuando te acercas a su comida no está intentando mandar en casa: tiene miedo de perderla. Te cuento qué hacer en qué hacer si tu perro gruñe.

Por lo tanto, quizás ha llegado ya el momento de poner en cuestión la creencia de que tenemos que dominar a nuestros perros.

¿Y los programas de televisión?

Buena parte de la culpa de que la idea del «líder de la manada» siga tan viva la tienen algunos programas de televisión muy populares, que durante años mostraron técnicas basadas en la confrontación: tirones de correa, toques bruscos, inmovilizaciones… La televisión enseña el resultado editado, no el miedo que muchas veces hay detrás de ese perro que «se calma» de golpe y que, en realidad, se ha bloqueado.

Asociaciones de veterinarios especialistas en comportamiento, como la estadounidense AVSAB, han publicado posicionamientos en los que desaconsejan usar la teoría de la dominancia para educar perros, precisamente porque esas técnicas pueden aumentar el miedo y la agresividad.

Cómo educar a tu perro sin «dominarlo»

Por supuesto, algunas normas de obediencia básica son recomendables y necesarias para mantener la armonía en el hogar. La gran diferencia está en marcarlas mediante la humillación y la fuerza o mediante la constancia, el cariño y la cooperación. En la práctica:

  • Premia lo que quieres que haga en lugar de castigar lo que no quieres. Te lo explico en cómo enseñar a un perro.
  • Gestiona el entorno para que le sea fácil acertar y difícil equivocarse.
  • Cubre sus necesidades de ejercicio, olfato, juego y descanso: muchos «problemas de dominancia» son, en realidad, aburrimiento o estrés.
  • Olvídate de los collares de castigo. Además de desaconsejados, la Ley 7/2023 de bienestar animal prohíbe en España los collares eléctricos y los de ahorque con púas. Te explicamos por qué en collares de pinchos y de ahorque y en el collar eléctrico es perjudicial.
  • Si hay agresividad o un problema serio, busca a un profesional que trabaje en positivo: te explico cómo en cómo encontrar un buen adiestrador, educador canino o etólogo.

Para saber más sobre dominancia

Si quieres profundizar, estas lecturas te interesan:

  • Case, L. «ASAS Centennial Paper: Perspectives on domestication: The history of our relationship with man’s best friend». Journal of Animal Science, 2008 (resumen en PubMed).
  • Mech, L. D. «Alpha status, dominance, and division of labor in wolf packs». Canadian Journal of Zoology, 77 (1999), 1196-1203.
  • Bradshaw, J. W. S., Blackwell, E. J., Casey, R. A. «Dominance in domestic dogs: useful construct or bad habit?». Journal of Veterinary Behavior, 4 (2009), 135-144.
  • American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB). Position statement on the use of dominance theory in behavior modification of animals (2008).

Preguntas frecuentes

¿Educar sin «dominar» al perro significa no ponerle normas?

No. Las normas de convivencia son necesarias para vivir en armonía, pero se pueden marcar con constancia, paciencia y refuerzo positivo, sin humillar ni usar la fuerza. Te recomendamos premiar lo que quieres que haga, organizar el entorno para que le sea fácil acertar y ser coherente: todos en casa deben pedir lo mismo.

¿Los perros tienen jerarquías entre ellos o eso también es un mito?

Los perros pueden mostrar posturas dominantes o sumisas con otros perros en situaciones concretas, por ejemplo por un recurso o un espacio. Lo que la ciencia ha desmontado es la idea de que tu perro quiera ocupar el puesto de «alfa» por encima de su familia humana ni de que haya que imponerse por la fuerza para evitarlo.

¿Sirve observar a los lobos para entender a los perros?

Sí sirve, en parte: perro y lobo están muy emparentados y comparten muchas pautas de comunicación. Pero la domesticación los ha hecho distintos en muchos aspectos, y además la teoría del macho alfa salió de lobos en cautividad. Los lobos en libertad viven en familia y apenas resuelven sus conflictos con agresividad.

¿Sirven los programas de televisión de adiestramiento para educar a mi perro?

Han ayudado a que mucha gente tome conciencia de que un perro necesita educación, ejercicio y atención. El problema es que algunos enseñan técnicas de confrontación que pueden aumentar el miedo y el riesgo de mordedura, y la televisión muestra un resultado editado. Si tienes un problema serio, te recomendamos acudir a un profesional que trabaje en positivo.

¿Hay que usar el mismo método con todos los perros?

No. Cada perro es distinto: unos son más sensibles o miedosos, otros más seguros o excitables, y no reaccionan igual a los mismos ejercicios. Lo que no cambia es el respeto al animal: se adaptan los ejercicios, los premios y el ritmo a cada individuo, pero nunca se recurre a la violencia ni a la intimidación.

¿Qué hago si mi perro gruñe o enseña los dientes a su familia?

No lo interpretes como un intento de mandar en casa ni lo castigues: la agresividad suele tener que ver con el miedo, el dolor, la frustración o la protección de recursos. Dale espacio, evita las situaciones que lo provocan y consulta primero con el veterinario para descartar dolor y después con un educador canino o un etólogo que trabaje en positivo.

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