Pomerania sentado en un carrito de bebé
En este artículo
  1. ¿Qué es un perrhijo?
  2. ¿Lobos, perros o perrhijos? Tres formas de entender la relación con el perro
  3. ¿Es malo tener un perrhijo? El riesgo de humanizar a un perro
  4. El riesgo de cosificar a un perro

Un perrhijo es un perro al que su familia trata como a un hijo: la palabra une «perro» e «hijo» y describe la tendencia, cada vez más extendida, a criar y cuidar al perro como a un niño más de la casa. El concepto puede sonar cómico, pero refleja una realidad en auge. ¿Crees que es tu caso? ¿Qué hay de bueno y qué hay de malo en eso?

¿Qué es un perrhijo?

El término perrhijo se popularizó en México a principios de la década de 2010. La idea era combinar en una misma palabra los conceptos «perro» e «hijo» para describir una nueva tendencia: tratar a los perros como niños dentro del núcleo familiar.

El término caló tanto que hasta se abrió una página de Facebook con el nombre Perrhijos, con cientos de miles de seguidores, y hoy se usa con normalidad en España y en toda Latinoamérica. En paralelo, cada vez se habla más de familias multiespecie para referirse a los hogares en los que el perro es un miembro más.

Señales de que tienes un perrhijo

El diario El País publicó en 2016, en uno de sus artículos, las 10 señales para saber si tienes un perrhijo:

  1. Tu perro viste mejor que tú.
  2. Duermes con él en la cama.
  3. Cuidas más su peso que el tuyo.
  4. Tiene más juguetes que tus primos pequeños.
  5. Le pones música para que se relaje.
  6. No te vas de viaje si él no va.
  7. Le haces regalos el día de su cumpleaños.
  8. No puedes dejar de hablar con él.
  9. Confías más en su intuición que en la de tus amigos.
  10. El 95 % de las fotos que subes a tus redes sociales son de tu perro.

Puede resultar un listado cómico, pero, en realidad, describe una concepción del perro muy cercana a la de un hijo. Y estoy segura de que muchos de los lectores de este blog os identificaréis con más de un punto de la lista.

¿Lobos, perros o perrhijos? Tres formas de entender la relación con el perro

El vínculo entre perros y humanos es evidente. El perro es el único animal carnívoro, depredador y con capacidad para hacernos mucho daño (hablo de perros de gran tamaño, claro) al que dejamos entrar en nuestros hogares y con el que compartimos incluso cama y sofá en algunos casos.

Sin embargo, no todo el mundo que tiene un perro se relaciona con él de la misma manera. Según los expertos, hay tres enfoques distintos a la hora de estudiar la relación entre perros y personas:

  1. Enfoque lupomórfico (el perro como lobo evolucionado).
  2. Enfoque babymórfico (el perro como bebé en el seno de una familia humana).
  3. Enfoque que considera al perro como compañero y amigo del ser humano.

El perro como lobo: el enfoque lupomórfico

En el primer grupo entrarían todos aquellos propietarios que ven a su perro como un lobo evolucionado, un lobo domesticado, y que mantienen con él una relación de dominancia-subordinación. Es el enfoque que hay detrás de programas de televisión tan populares como «El encantador de perros», que han tenido una gran difusión.

Sin embargo, esta visión está hoy descartada por la ciencia del comportamiento, en particular la idea de que el propietario debe ser el «macho alfa», por los riesgos que comporta. Imponerse a un perro usando la fuerza puede provocar mordiscos y ataques por parte del perro en defensa propia, y además perjudica su bienestar físico y emocional. Si te interesa saber de dónde viene realmente el perro, te recomiendo leer sobre el origen del perro.

El perro como hijo: el enfoque babymórfico

El enfoque «babymórfico», en cambio, se relaciona con el concepto de perrhijo.

Según el enfoque babymórfico, la relación entre perros y personas es una relación asimétrica en la que los perros se parecen, tanto cognitiva como conductualmente, a un niño. Se supone que los perros forman con nosotros un vínculo parecido al que tienen los niños con sus padres. Los propietarios ejercen de padres, de cuidadores.

Esta tesis se apoya, entre otras cosas, en que muchos propietarios hablan a sus perros con el mismo tipo de lenguaje que usan para hablar a un niño, los abrazan, se acurrucan con ellos y buscan el contacto físico.

El perro como amigo

Por último, algunos expertos como el etólogo húngaro Ádám Miklósi sugieren una tercera mirada, en la que la relación entre perros y personas sería una relación de amistad entre dos especies (la humana y la canina), íntima, de apoyo mutuo e igualitaria. El problema de esta perspectiva es que, aunque los perros tienen muchas características que pueden convertirlos en amigos (hacen compañía, son leales, dan afecto y apoyo social, son cooperativos), la relación entre nuestra especie y la suya no es igualitaria ni simétrica y está muy influida por los deseos, las necesidades y el estilo de vida de los humanos. No olvidemos que la domesticación es, precisamente, eso.

¿Es malo tener un perrhijo? El riesgo de humanizar a un perro

El riesgo de concebir a un perro como un perrhijo es humanizarlo y perder de vista sus necesidades como perro.

Tratar a un perro como si fuera un niño a veces supone olvidar que es un animal de otra especie, con unas capacidades distintas a las nuestras y una forma de entender el mundo muy diferente. También, y sobre todo, con unas necesidades distintas a las de un niño.

Eva Quiñones, directora de Educanimals y máster en antrozoología, lo explica muy bien:

«Aunque sean animales sociales y muy adaptables a nuestro estilo de vida por haber sido domesticados, nunca debemos olvidar que los perros pertenecen a otra especie. Su visión del mundo es distinta a la nuestra ya desde un nivel sensorial.

En relación con el vínculo social, tenemos que buscar un equilibrio entre adoptar una separación emocional que implica una objetualización de los perros, y el otro extremo, que sería humanizarlos. Para no llegar a estos dos extremos, lo principal es tener primero claro qué es realmente un perro».

Algunos ejemplos de cuándo el «perrhijo» se convierte en un problema: cuando el perro apenas pisa el suelo o no se relaciona con otros perros, cuando no sabe quedarse solo ni un rato, o cuando le damos comida de personas porque «le gusta». En cambio, dormir con él o celebrar su cumpleaños no tiene nada de malo si sus necesidades de perro están cubiertas (si dudas sobre la cama, aquí tienes qué hacer si no quieres que tu perro suba a la cama).

El riesgo de cosificar a un perro

Humanizar a un perro puede ser un problema si eso nos lleva a no atender sus necesidades como deberíamos. Ahora bien, en el otro extremo está la gente que trata a los perros como objetos, como cosas sin emociones.

Los perros son animales sintientes y no pueden ni deben ser tratados como objetos sin emociones.

De hecho, desde 2022 el Código Civil español reconoce expresamente a los animales como seres sintientes, y no como simples cosas.

Carlos Alfonso López, director de Educan, defendía en un artículo de su blog que el riesgo de cosificar a los perros puede ser mucho mayor que el de humanizarlos:

«Porque es bastante evidente que los perros (mamíferos sociales, emocionales y comunicativos) son bastante más parecidos a las personas que a los microondas. Y que la interpretación correcta de sus motivaciones y de sus acciones está más alejada del conocimiento de las funciones de cada tecla del microondas y de la manera correcta de programarlo que de las equivalencias con las motivaciones y acciones de otro mamífero social, emocional y comunicativo como es el humano».

Efectivamente, de lo que se trata es de buscar un equilibrio entre tratar a un perro como un niño y tratarlo como un objeto. Para eso, lo mejor es informarse sobre las características de la especie canina, sobre sus necesidades y sobre su forma de comunicarse (el lenguaje canino).

Esa es, precisamente, la idea de este blog 😉

Preguntas frecuentes

¿Es malo hablarle a mi perro como si fuera un niño?

No tiene nada de malo en sí mismo: a muchos perros les gusta ese tono cariñoso. El problema aparece cuando tratarlo como a un niño hace que olvidemos sus necesidades de perro o que no le pongamos unas normas claras de convivencia. Si sale a olfatear, se relaciona con otros perros y sabe qué se espera de él en casa, puedes mimarlo tranquilamente.

¿Es seguro que el perro conviva tan de cerca con la familia y con los niños?

Sí, si se cuida su salud. El riesgo de que un perro nos transmita enfermedades suele exagerarse, y se controla con las vacunas y las desparasitaciones internas y externas que indique el veterinario. Basta con una higiene básica, como lavarse las manos y limpiarle las patas al volver del paseo si lo prefieres, y supervisar siempre su relación con los más pequeños.

¿Mi perro destroza cosas cuando se queda solo porque lo tengo mimado?

No necesariamente. Suele deberse a aburrimiento, falta de ejercicio, a que es cachorro o a que lo pasa mal cuando se queda solo. Reñirle o asustarle al volver no sirve, porque no relaciona el castigo con lo que hizo y puede volverse más miedoso. Asegúrate de que sale lo suficiente, déjale juguetes rellenables y, si no mejora, consulta con un educador canino o un etólogo.

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