Perros y niños en una misma familia: ¡Cuidado!
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La mayoría de las mordeduras de perro a niños no las provoca un perro desconocido, sino el perro de la familia, en casa y a menudo con los padres delante. Para que perros y niños convivan seguros hacen falta tres cosas: supervisión activa, que el perro tenga un lugar propio donde nadie le moleste y que los adultos sepamos reconocer las situaciones de riesgo. ¿Te apetece ponerte a prueba? ¿Te atreves a decir cuáles de las siguientes cinco imágenes de interacciones entre perros y niños son situaciones de riesgo? Te advierto que no es tan fácil como parece: un estudio publicado en 2016 en la revista Journal of Veterinary Behavior hizo la prueba, y sus conclusiones hicieron saltar la alarma.
Aunque mucha gente piensa que los accidentes entre perros y niños suelen ocurrir con perros desconocidos, la realidad es otra. La mayoría de accidentes se producen cuando el niño interactúa con el perro de la familia. Este estudio de expertos de la Universidad de Veterinaria de Viena concluye que la responsabilidad es de los adultos, que no estamos suficientemente atentos o no sabemos reconocer las situaciones de riesgo.
«El perro de casa siempre es bueno»: el gran error
Cuando un niño se encuentra con un perro desconocido, los padres o los adultos que lo acompañan suelen acudir rápido, diciéndole «ten cuidado» y apartándolo del posible peligro. No ocurre lo mismo cuando el perro es de la familia, cuando es el perro de casa.
Tendemos a pensar que el perro de casa no morderá a nuestro hijo porque confiamos plenamente en él. Los padres permitimos que los niños se diviertan y abracen al perro sin tener en cuenta que el animal puede sentirse acosado y reaccionar con agresividad.
Cuando el perro es de la familia, damos por hecho que tendrá paciencia suficiente para tolerar cualquier tipo de manipulación por parte de nuestro hijo o hija. Esto es un error.
«El 84 % de los accidentes en los que el perro muerde se producen en presencia de los padres», explica la autora del estudio, Christine Arhant. Esto nos lleva a pensar que los adultos necesitamos estar mejor informados sobre qué situaciones pueden ser peligrosas entre perros y niños y cuáles no. Aprovecho para recordarte este post que publiqué hace algún tiempo sobre cómo evitar que un perro muerda a un niño.
El perro de casa NO siempre es tan bueno…
La realidad es que el perro de la familia no siempre tiene tanta paciencia como suponemos, y que los accidentes entre niños y perros que terminan en el hospital son más frecuentes con perros conocidos que con perros ajenos a la familia.
Los perros, como nosotros, también necesitan su espacio y no siempre tienen ganas de que nuestros niños los abracen, los acaricien, los cepillen o los besuqueen. Salvo excepciones muy concretas, un perro siempre expresa incomodidad antes de morder. El problema es que el niño no sabe interpretar esas señales.
Los niños malinterpretan el lenguaje corporal de los perros y a menudo describen imágenes de perros enseñando los dientes como perros felices y sonrientes (Meints et al., 2010). Las señales de calma (girar la cabeza, relamerse, bostezar, alejarse) suelen pasarles completamente desapercibidas.
Por eso es responsabilidad de los adultos supervisar cualquier interacción entre perros y niños. Sin embargo, los resultados del estudio de Viena alarman: la mitad de los padres permite al niño acurrucarse o jugar con el perro tanto como quiera. Y el mismo porcentaje deja al menor con el perro sin supervisión.
Por otro lado, debemos tener en cuenta que la mayoría de los accidentes se producen cuando es el niño quien inicia la interacción con el perro, y con buena intención. Es decir, no es que el niño vaya a pegar al perro y el perro responda con agresividad, sino que el niño quiere acariciarlo, abrazarlo o besarlo, y el perro lo vive como un acoso.
Cinco situaciones de riesgo entre niños y perros: ponte a prueba
En el estudio de la Universidad de Viena se preguntó a 402 participantes cómo percibían el riesgo en las siguientes cinco situaciones cotidianas. Luego se compararon sus respuestas con las de varios expertos en comportamiento canino. Las conclusiones hicieron saltar la alarma.
¿Quieres saber si tú habrías acertado? Señala cuáles de las siguientes situaciones requieren la intervención y la supervisión de un adulto (situaciones de riesgo) y cuáles pueden considerarse sin riesgo.
La respuesta está al final de este post 😉

- Niño sentado al lado del perro. El perro está tumbado boca arriba y el niño le sujeta las patas delanteras.
- Un padre sostiene a un bebé directamente sobre la cara del perro. El bebé intenta alcanzar al perro. El perro mira directamente a la cara del bebé.
- El niño está recostado en parte sobre el perro y ambos están en la cama del perro.
- El niño está frente al perro y le ofrece un yogur para que lo lama.
- El perro está tumbado descansando sobre una manta en un rincón. El niño gatea hacia él.
Normas para que perros y niños convivan seguros en casa
Más allá del test, estas son las pautas que recomiendo a las familias:
- El perro necesita un refugio: su cama, en un rincón tranquilo (o un espacio seguro cerrado con una barrera), donde los niños tienen prohibido entrar. Si el perro se retira allí, se le deja en paz.
- Nada de molestarle mientras come, duerme o mordisquea algo.
- Supervisión activa, no pasiva: estar en la misma habitación mirando el móvil no es supervisar. Si no puedes estar pendiente, separa al perro y al niño con una puerta o una barrera.
- Que sea el perro quien se acerque: enseña a los niños a llamarlo y dejar que venga, en lugar de ir hacia él, y a acariciarle el pecho o los costados, no la cabeza. Te lo explico en cómo saludar a un perro.
- Juegos adecuados: mejor buscar premios escondidos o lanzar una pelota que juegos de persecución, de lucha o de tira y afloja con niños pequeños.
- No castigues los gruñidos: el gruñido es un aviso. Si tu perro gruñe a los niños, aleja al niño, tranquilízate y busca ayuda profesional. Más información en qué hacer si tu perro gruñe.
Si todavía no tenéis perro y estáis pensando en uno para una familia con niños, echa un vistazo a las razas más recomendadas para convivir con niños. Y si lo que esperáis es un bebé, aquí tienes la primera parte de esta serie: cómo preparar a tu perro para la llegada de un bebé.
Conclusiones sobre la convivencia entre niños y perros en una misma familia
No seré yo quien niegue los beneficios de la convivencia entre perros y niños, pero tampoco quien omita sus riesgos. A la luz de los estudios publicados y de las estadísticas de mordeduras, queda claro que los adultos debemos aprender a reconocer con más precisión las situaciones de riesgo en las interacciones entre niños y perros.
La receta contra los accidentes es la supervisión y, sobre todo, una buena base de conocimiento sobre lenguaje canino. Aquí tienes un artículo interesante sobre las 7 señales que un perro da antes de morder.
Estas tres webs, en inglés, tienen información específica sobre prevención de accidentes entre perros y niños. Te recomiendo echarles un ojo:
Solución para las 5 imágenes
1. Niño sentado al lado del perro: situación de riesgo.
Estar tumbado panza arriba, con el vientre expuesto, es a menudo una postura de apaciguamiento en los perros. El perro puede sentirse indefenso ante la manipulación del niño y reaccionar con agresividad para zafarse de él. En algunos casos, el perro adopta esta posición simplemente para pedir caricias, pero hay que evaluar muy bien el contexto y, en cualquier caso, vigilar en todo momento la interacción entre el niño y el perro.
2. Un padre sostiene a un bebé directamente sobre la cara del perro: situación de riesgo.
En esta posición, el cuerpo del adulto y el del bebé quedan por encima de la cabeza del perro, de forma que el perro puede sentirse abrumado, ya que nos estamos echando encima de él con todo nuestro cuerpo. Por otro lado, los bebés son muy torpes en sus movimientos y podrían darle un manotazo al perro sin querer. El riesgo es elevado si tenemos en cuenta que un mordisco en esta posición iría directamente a la cara del niño.
3. El niño está recostado sobre el perro y ambos están en la cama del perro: situación de riesgo.
Nunca debería permitirse a un niño tumbarse en la cama de un perro, porque cuando un perro está en su cama es que busca descanso. Por lo tanto, es muy probable que no le apetezca soportar la manipulación de ningún niño.
4. El niño está frente al perro y le ofrece un yogur: situación sin riesgo según los expertos del estudio de Viena.
En principio, esta situación no tiene por qué ser conflictiva, aunque, desde mi punto de vista, no está totalmente exenta de riesgos. Hay que vigilar, porque algunos perros que no toleran bien la frustración pueden molestarse si el niño retira el yogur antes de tiempo, por ejemplo. Personalmente, creo que esta situación también necesita una atenta supervisión por parte de los adultos.
5. El perro está tumbado descansando sobre una manta en un rincón y el niño gatea hacia él: situación de riesgo.
En este caso, el perro está arrinconado y en su manta. La situación puede ser de riesgo, ya que es posible que el perro se sienta acorralado por el bebé (no tiene una vía de huida fácil) y, además, que quiera proteger su manta como un espacio que le pertenece.
Preguntas frecuentes
¿Hace falta vigilar a mi perro con niños aunque lo conozca bien?
Sí. La mayoría de las mordeduras a niños las causa el perro de la familia o de un conocido, a menudo con los padres delante. Aunque tu perro sea equilibrado, los niños pequeños son imprevisibles y no saben leer sus avisos. Supervisa siempre de forma activa y, si no puedes estar pendiente, sepáralos con una puerta o una barrera.
¿Es peligroso que un niño le dé comida o premios al perro?
No tiene por qué serlo, pero conviene vigilar. Algunos perros toleran mal la frustración y pueden molestarse si el niño retira la comida antes de tiempo o se la quita de la boca. Enséñale a ofrecer el premio con la mano abierta y a no retirarlo, y nunca dejes que se acerque al perro mientras come de su cuenco.
¿Cómo enseño a un niño a entender cuándo el perro quiere que le deje en paz?
Explícale con palabras sencillas que si el perro se aparta, gira la cabeza, se relame o gruñe, está diciendo «déjame tranquilo», y que entonces hay que alejarse. Muchos niños confunden un gruñido con un ronquido o unos dientes a la vista con una sonrisa, así que el adulto debe estar presente para interpretar esas señales y apartar al niño a tiempo.
¿Por qué mi perro ladra o gruñe a personas con gorro, toalla u objetos extraños?
Suele ser miedo o desconfianza ante algo que no reconoce: una silueta distinta le resulta extraña, aunque sea de alguien conocido. No le riñas, porque aumentarías su inquietud. Acostúmbrale poco a poco, dejando que vea el objeto a distancia y premiándole cuando esté tranquilo. Si la reacción es intensa, pide ayuda a un educador canino.