Perro y gato en casa: cómo presentar un gato a tu perro
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Para presentar un gato a tu perro, lo más importante es ir poco a poco: prepara antes una habitación refugio para el gato, haz que se conozcan primero por el olor, organiza los primeros encuentros con el perro sujeto y bajo supervisión, premia la calma y respeta siempre el ritmo del gato. Si estás pensando en adoptar un gato y ya tienes un perro en casa, es muy importante que te informes bien sobre cómo hacer correctamente las presentaciones. El primer encuentro puede marcar la relación entre ellos en el futuro.
Además, necesitarás conocer algunas reglas básicas para que cada uno se sienta cómodo en casa sin molestar al otro.
Por lo general, perros y gatos son animales perfectamente compatibles, pero una mala gestión de la situación por nuestra parte puede arruinar la convivencia entre ellos. Aquí van algunos consejos para que eso no ocurra.
Antes de adoptar: ¿son compatibles tu perro y el gato?
1. ¿Cómo es tu perro?
Antes de tomar la decisión de adoptar un gato, valora con objetividad si tu perro va a ser un buen compañero para él.
Fíjate en cómo reacciona cuando se cruza con algún gato por la calle. Descarta la idea de introducir un felino en la familia si detectas que tu perro tiene conductas predatorias cuando ve algún gato. Es decir, si se queda fijo, se pone en tensión e intenta correr para cazarlo.
Si tu perro simplemente muestra curiosidad o, incluso, indiferencia, ese es un buen punto de partida. Que tenga un buen autocontrol (que sepa esperar, venir cuando le llamas o dejar algo cuando se lo pides) también ayudará mucho.
2. ¿Qué tipo de gato adoptar?
Un gato joven puede acostumbrarse con facilidad a la presencia de un perro, porque su periodo de socialización todavía está abierto. Sin embargo, hay muchos gatos adultos que también se adaptarán bien a convivir con un perro, sobre todo si ya han vivido con perros antes.
Personalmente, no me gusta apoyar solamente la adopción de cachorros, porque eso implica negarles la oportunidad a animales que ya no son tan jóvenes (lo mismo pasa con los perros: te lo cuento en cachorro o adulto). En realidad, creo que hay que escoger al gato siguiendo las indicaciones de los profesionales de la protectora que nos lo dé en adopción, o del criador que nos atienda. Hay que confiar en su profesionalidad y su criterio, porque son quienes mejor conocen al animal que nos llevamos a casa. Muchas protectoras pueden deciros si un gato ya ha convivido con perros.
Y recuerda que, con la Ley 7/2023 de bienestar animal, los gatos también deben estar identificados con microchip e inscritos en el registro correspondiente, igual que los perros.
Prepara la casa antes de que llegue el gato
3. Prepara un refugio para el gato
El gato es un animal que necesita su propio espacio. Por eso, hay que asegurarse de proporcionarle un refugio adecuado. Lo ideal es escoger una habitación tranquila y alejada del paso y colocar allí todo lo necesario: cama, comedero, bebedero, arenero, rascador y juguetes. A los gatos les gustan «las alturas», así que conviene que tenga estantes, repisas o un árbol para gatos donde subirse y vigilar desde arriba.
En cuanto al arenero, lo óptimo es escoger una bandeja amplia, una arena sin perfume y ser muy constantes con la limpieza. La higiene es prioritaria. Colócalo donde el perro no pueda llegar: algunos perros se comen las heces del gato (te lo explico en coprofagia canina) y eso estresa mucho al gato.
El gato tiene que tener libre acceso a su refugio. Una barrera para bebés o una puerta entreabierta sujeta con un tope que deje pasar al gato, pero no al perro, son soluciones muy prácticas.
Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que un refugio es un lugar donde uno se siente tranquilo y protegido. Por lo tanto, nadie debe ir a molestar al gato cuando decide retirarse allí.
4. Acostumbra al perro al refugio semanas antes
Si nuestro perro no reacciona bien cuando no le dejamos entrar en alguna habitación, no esperemos al mismo día de la llegada del gato para enseñárselo. Hay que trabajar con antelación para que entienda que la estancia que hemos reservado como refugio felino no es un territorio al que va a poder acceder libremente, al menos al principio. Si no le acostumbramos antes de que llegue el gato, puede que relacione la prohibición con el felino, y eso no nos interesa. La llegada del gato tiene que ser, en todos los aspectos, una «buena noticia» para nuestro perro.
5. Usa feromonas
Existen en el mercado feromonas sintéticas que imitan las feromonas que los gatos usan de forma natural para sentirse seguros en un espacio. Pueden ser una ayuda para ambientar la estancia que hemos escogido como refugio del gato, ya que la llegada a una casa nueva suele generarle miedo y ansiedad. No son una solución mágica, pero pueden complementar el resto de pautas.
También puede ser útil rociar con feromonas el transportín en el que traigamos al gato a casa (unos 15 minutos antes de meterlo).

Cómo presentar un gato a tu perro paso a paso
6. Una presentación adecuada
Cuando el perro es muy excitable o el gato es miedoso, lo ideal es seguir una presentación gradual, en varias fases:
- Intercambio de olores: durante los primeros días, el gato vive en su refugio. Intercambia mantas o juguetes entre los dos para que se familiaricen con el olor del otro sin verse.
- Contacto visual a distancia: a través de una barrera para bebés o una puerta de cristal, con el perro sujeto con correa. Mientras el perro mire al gato con calma, premia con algo muy rico. Si se fija, se tensa o ladra, aumenta la distancia.
- Encuentros cortos en la misma habitación: con el perro con correa (o arnés) y el gato con libertad para irse a un sitio alto. Unos minutos, varias veces al día.
- Más libertad poco a poco: solo cuando los dos estén tranquilos en presencia del otro. Al principio, sepáralos siempre que no estés en casa.
Algunas veces este protocolo resulta algo artificial. Personalmente, soy partidaria de normalizar la situación si el perro que tenemos en casa es sociable y no especialmente excitable, y el gato que vamos a traer no es extremadamente miedoso.
En este caso, lo que aconsejo es que los primeros encuentros entre el perro y el gato sean siempre controlados y bajo nuestra supervisión. Además, tienen que ser paulatinos y siempre en un ambiente tranquilo.
Lo óptimo es que el perro esté en casa cuando llegue el gato, e incluso que aprovechemos el transportín para dejar que lo olfatee con una rejilla de por medio. Si vemos que el gato se pone muy nervioso, es mejor cortar la situación y llevarlo a su refugio durante el tiempo que necesite antes de estar preparado para el primer encuentro con nuestro perro.
Es importante que premiemos a nuestro perro (con la voz y con premios de comida) si olfatea al gato con curiosidad pero con calma y si no le ladra. Conocer bien las señales de calma y el lenguaje canino te ayudará a saber cuándo cortar un encuentro.
Las primeras semanas de convivencia
7. Evita los celos
Incluir un nuevo miembro en la familia implica dedicarle tiempo y atención. Y nuestro perro puede notar que ahora el centro de atención es el gato y no él. Debemos evitar esa sensación en la medida de lo posible. Nuestro perro debe seguir recibiendo la misma atención y, si es posible, juegos y halagos en presencia del gato, para que entienda que el felino no le quita su «papel protagonista».
8. No castigues
Puede que nuestro perro intente interactuar con el nuevo gato y lo atosigue más de la cuenta. Es posible, también, que el gato intente comunicarle con su lenguaje corporal que se siente molesto, pero que el perro no entienda las señales. En ese caso, no hay que castigar al perro, sino ofrecerle otro entretenimiento que lo mantenga ocupado y lejos del gato: un juguete rellenable de comida, un paseo, un rato de juego, etc. Y, mientras tanto, enseñarle a venir cuando le llamas, que te será muy útil en estas situaciones (aquí explico cómo enseñar a tu perro a venir).
9. Presta mucha atención a los primeros encuentros
Es fundamental estar muy atentos a la actitud de perro y gato durante las primeras semanas de convivencia. Si se atisba algún problema, o si es evidente que la convivencia está resultando difícil, es imprescindible consultar con un etólogo antes de que el problema se agrave. Los gatos, más que los perros, son animales muy sensibles y pueden desarrollar serios problemas de conducta (o de salud, como cistitis por estrés) si se sienten sometidos a estrés.
10. Paciencia
Este es el mejor consejo. Piensa que todos necesitamos un periodo de adaptación ante los cambios, así que ellos (perros y gatos) también. 😉
¿Cuánto tardan un perro y un gato en acostumbrarse?
Depende mucho de cada animal. Algunos se toleran en pocos días y otros necesitan varias semanas o incluso meses. Lo importante no es la velocidad, sino que cada paso salga bien: si fuerzas un encuentro y sale mal, puedes retroceder mucho. Ten en cuenta que no siempre acaban siendo «amigos»: una convivencia tranquila, en la que cada uno respeta el espacio del otro, ya es un éxito.
¿Y si ya tienes gato y quieres adoptar un perro?
Las pautas son muy parecidas, pero en este caso el gato es el «residente». Asegúrate de que sus recursos (comedero, arenero, zonas altas y escondites) quedan fuera del alcance del perro y de que no pierde sus sitios favoritos. Elige un perro con un nivel de energía tranquilo, que ya haya convivido con gatos o, si es cachorro, que pueda aprender desde pequeño a respetarlos. Pregunta en la protectora y, si dudas, el test de qué raza de perro te conviene puede orientarte, aunque en la compatibilidad pesa más la personalidad de cada perro que su raza.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si mi perro intenta perseguir o morder al gato?
Lo primero es la seguridad: mantenlos separados siempre que no puedas supervisar y no fuerces ningún encuentro. Si el perro se queda fijo, se tensa y trata de lanzarse, puede tratarse de una conducta predatoria, y eso no se arregla con tiempo ni dejándolos juntos. Te recomendamos consultar cuanto antes con un etólogo o un educador canino que trabaje en positivo, que valore si la convivencia es posible y cómo hacerla.
¿Debo llevar al perro al refugio del gato para que se vayan conociendo?
No. El refugio tiene que ser un lugar donde el gato se sienta a salvo, y si el perro entra en él pierde ese sitio seguro. Es mejor que se conozcan primero por el olor y después a través de una barrera, con el perro sujeto, y dejar que sea el gato quien decida cuándo acercarse. Su ritmo marca el de todo el proceso.
¿Es normal que mi perro esté decaído desde que llegó el gato?
Un cambio en casa puede alterar al perro unos días, y por eso conviene que siga recibiendo la misma atención y buenos momentos en presencia del gato. Pero si deja de comer, está apático o el decaimiento dura, llévalo al veterinario: no lo atribuyas sin más a los celos. Y si el gato es recién rescatado, que también lo revise el veterinario antes de que convivan.
¿Sirve dejar al perro y al gato unos días en un centro para que aprendan a convivir?
La convivencia se construye en el lugar donde van a vivir y con las personas que conviven con ellos, así que lo que aprendan fuera no siempre se mantiene al volver a casa. Separar al gato de su entorno, además, suele estresarlo mucho. En nuestra experiencia funciona mejor que un etólogo o educador canino os visite y os guíe paso a paso en casa.